La soberanía digital define quién captura el valor de la IA. Raju Vegesna (Zoho) explica en Andicom 2026 cómo Colombia puede dejar de ser colonia digital.
La soberanía digital fue el mensaje que Raju Vegesna, Chief Evangelist de Zoho Corporation, dejó en ANDICOM 2026. En una entrevista con Impacto TIC, medio que conversa con las voces líderes de Colombia y América Latina, y en su conferencia central, el vocero dejó de lado los productos y las cifras corporativas para plantear una pregunta incómoda: en la economía de la Inteligencia Artificial, ¿Colombia quiere seguir entregando materias primas o empezar a capturar el valor?
Vegesna, quien acumula más de 25 años en la industria del software empresarial, organizó su análisis en torno a tres temas que, según explicó, están conectados: comercio, tecnología y soberanía. Su tesis de fondo es que cada transición tecnológica redistribuye la riqueza, y que quien no entienda esa dinámica corre el riesgo de repetir la historia colonial en clave digital.
¿Por qué Vegesna compara la economía de la IA con el comercio colonial?
El vocero partió de una observación geográfica. Las civilizaciones se construyeron alrededor de cuerpos de agua, desde Cartagena hasta Londres, y quien dominaba esos ríos dominaba el comercio. En la era digital, dijo, las columnas vertebrales de Internet cumplen esa función de rutas comerciales, y con frecuencia aterrizan en las mismas ciudades portuarias donde antes se movían las mercancías.
El problema, de acuerdo con Vegesna, es la concentración. Cerca del 95 % de esas redes troncales pertenece a un puñado de empresas, y las tiendas de aplicaciones y las pasarelas de pago operan como nuevos puntos de control. Puso un ejemplo concreto: por cada aplicación que se vende en Colombia se puede pagar hasta un 30% de peaje a una compañía que no construye nada en el país.
«Colombia, como India, ya fue una colonia. En el mundo digital, ¿quieren volver a ser una colonia? Es una pregunta importante y nadie se la está haciendo», señaló Raju Vegesna, Chief Evangelist de Zoho Corporation.
Para el vocero, el paralelo histórico es directo. En la época colonial, Cartagena exportaba oro. Hoy exporta lo que él llama oro digital, es decir, datos. Y comparó a las grandes plataformas con una versión moderna de la Compañía de las Indias Orientales, aquella firma que hace siglos administraba territorios enteros desde Londres.
¿Qué significa «capturar el valor» y por qué Colombia lo pierde?
El meollo del asunto es la distinción entre producir un bien y capturar su valor, dos cosas que suelen ocurrir en países distintos. Vegesna lo ilustró con casos reconocibles: Centroamérica dio el cacao al mundo, pero el chocolate se asocia con Suiza. Colombia produce uno de los mejores cafés del planeta, aunque es Italia la que se identifica con el café. India forma cerca de un millón y medio de ingenieros al año, y buena parte de ese talento termina alimentando a las grandes tecnológicas.
El mismo patrón, sostuvo, aparece en la economía real. En Colombia la producción agrícola se multiplicó por 10 en un siglo y la productividad creció con fuerza, pero los agricultores no ganan más. En la manufactura la producción se multiplicó por veinte, con un resultado parecido para los trabajadores.
«¿Los agricultores ganan más dinero hoy? La respuesta que todos conocemos es que no. El valor lo capturan los creadores de herramientas», afirmó el vocero.
El punto, para él, es que, casi siempre, quien fabrica la herramienta se queda con la mayor parte de la riqueza. Y ahora hay una herramienta nueva sobre la mesa: la Inteligencia Artificial.
¿En qué se diferencia la IA de las herramientas anteriores?
Vegesna planteó que la Transformación Digital de los últimos años consistió en digitalizar cosas a nuestro alrededor: el correo, las fotos, los libros, los mapas y hasta el dinero. La IA, en cambio, digitaliza la mente. Bajo esa lectura, los modelos serían una versión digital del pensamiento y los humanoides, más adelante, una versión digital del cuerpo.
Ese salto, explicó, cambia la naturaleza de la herramienta. Se pasa de instrumentos de productividad, como el computador o el teléfono, a instrumentos de delegación. Usó una analogía doméstica: primero fue la escoba, después la aspiradora y luego la aspiradora robótica, a la que ya no supervisamos porque hace el trabajo sola. Algo similar ocurre con los vehículos autónomos y, ahora, con los agentes de IA que ejecutan tareas de conocimiento por su cuenta.
«Podemos delegar el trabajo, pero ¿deberíamos delegar la soberanía?», cuestionó.
Ahí, advirtió, aparece el riesgo. Cuando otro controla las herramientas que ejecutan las operaciones críticas, se cede el control sin notarlo.
¿Por qué la residencia de datos no basta para ser soberano?
Vegesna cuestionó una idea extendida entre gobiernos y empresas: creer que guardar los datos dentro de las fronteras garantiza la soberanía. Para explicarlo recurrió a una imagen sencilla.
«Digamos que los datos son un libro. Están aquí, conmigo. Pero traes a alguien, llámalo un modelo, lee el libro y sale de la habitación. Los datos siguen en el país, pero el conocimiento se fue», ilustró.
La soberanía, precisó, no es un asunto binario sino un espectro que depende de cuántas tecnologías críticas controla realmente un país o una empresa. Y propuso una auditoría periódica de la cadena de suministro digital, del mismo modo que las compañías revisan sus finanzas cada trimestre. Como ejercicio mental, pidió imaginar la pérdida de acceso a servicios como WhatsApp, el correo electrónico, el sistema de mensajería financiera SWIFT, las tarjetas Visa o Mastercard, o la señal de GPS. En todos los casos la pregunta era la misma: ¿existe un plan B?
Frente a ese vacío, el vocero destacó respuestas que ya construyeron otros países en el terreno de los pagos: India creó UPI y Brasil, PIX, sistemas propios que reducen la dependencia externa. La pregunta que dejó abierta fue qué está haciendo Colombia en ese frente.
¿Cómo puede América Latina capturar el valor de la IA?
Lejos del diagnóstico pesimista, Vegesna sostuvo que la región tiene con qué responder. Una plataforma de IA, resumió, necesita energía, modelos y datos con contexto propio. América Latina es autosuficiente en energía, puede partir de modelos de lenguaje de código abierto y adaptarlos, y puede sumar sus propios datos para quedarse con el valor en casa.
También buscó desactivar la excusa del tamaño y la falta de recursos humanos. Según su experiencia, construir un modelo de lenguaje no exige grandes ejércitos de ingenieros.
«No necesitas más de 20 personas para crear un modelo de lenguaje. Lo sabemos porque lo hemos hecho. Así que no pongas la excusa de que no hay gente», puntualizó.
El vocero citó el caso de su propia compañía, nacida en una zona rural de India, autofinanciada y con modelos y software propios, como prueba de que el camino es viable desde economías en desarrollo. Y recordó que los países prosperan aprovechando sus recursos naturales, su capital humano o ambos. Israel, Singapur, Taiwán y Corea del Sur avanzaron sobre todo con talento, mientras que Estados Unidos y China combinan las dos vías. Colombia, dijo, cuenta con las dos.
Sobre Corea del Sur ofreció un contraste que usó como advertencia y como estímulo: con una población similar a la colombiana, tiene un PIB varias veces mayor (tres veces y media, según sus cálculos), impulsado por un puñado de empresas como Samsung, LG y Hyundai que decidieron construir. La escala del reto, insistió, es enorme.
«Hoy, las cinco principales empresas de tecnología por ingresos son, por sí solas, más grandes que el PIB del 75 % de los países», advirtió.
Ese enfoque conecta con la conversación de fondo que Impacto TIC viene sosteniendo sobre el futuro tecnológico del país, incluido el libro (Voces TIC) con el que el medio indagó qué debe responder Colombia en los próximos cuatro años. La invitación de Vegesna a las voces líderes de la región es: dejar de ser consumidores para volverse productores.
El vocero también pidió humildad frente a la incertidumbre del sector, que cambia semana a semana.«Si alguien dice que tiene la respuesta, asuma que está mintiendo, y me incluyo», dijo.
Su mensaje de cierre volvió sobre la decisión que, a su juicio, está en manos de los emprendedores y las empresas más que de los gobiernos. «¿Construirán ustedes? ¿O dejarán que otros capturen el valor mientras miramos desde afuera?», concluyó.



