Los Premios Nobel 2026 de ciencia reconocieron décadas de investigación clave para el futuro: neutrinos detectados desde el hielo antártico, el encendido óptico de neuronas con optogenética y la solución al enigma molecular de la homoquiralidad.
Los Premios Nobel 2026 de ciencia se anunciaron en Estocolmo entre el 5 y el 7 de octubre. El belga Francis Halzen ganó en Física por detectar neutrinos cósmicos desde el hielo antártico. En Medicina, el premio fue para quienes crearon la optogenética. Henri Kagan y Kenso Soai lo recibieron en Química por resolver el enigma de las moléculas espejo. De las seis personas que ganaron los Nobel de ciencia 2026, las seis son hombres y ninguno es de América Latina, África ni Oceanía. (Conozca aquí las mujeres ganadores de los Premios Nobel).
Cada galardón tiene una dotación de 12 millones de coronas suecas, unos 1,2 millones de dólares o cerca de 3.853 millones de pesos colombianos, según la tasa de cambio. La ceremonia de entrega será el 10 de diciembre de 2026.
En este artículo:
¿Por qué un detector enterrado en la Antártida ganó el Nobel de Física?
La Real Academia Sueca de Ciencias premió a Francis Halzen (Tienen, Bélgica, 1944), profesor de la Universidad de Wisconsin-Madison, “por sus contribuciones decisivas al Observatorio de Neutrinos IceCube y el descubrimiento de neutrinos de alta energía de origen astrofísico“.
Los neutrinos son partículas subatómicas sin carga eléctrica y con una masa minúscula. Casi nunca chocan con la materia: billones atraviesan el cuerpo humano cada segundo sin dejar rastro. Por eso los apodan “partículas fantasma“. Como los campos magnéticos del universo no los desvían, viajan en línea recta y señalan el lugar de donde vienen. Eso los convierte en mensajeros de los fenómenos más violentos del cosmos.
Halzen propuso usar el hielo del Polo Sur como detector. Cuando un neutrino choca por casualidad con un núcleo atómico, genera una partícula cargada que emite un destello de luz azul, y el hielo antártico es tan transparente que ese destello se puede registrar. Según la Universidad de Wisconsin-Madison, IceCube funciona así:
- Ocupa un kilómetro cúbico de hielo.
- Tiene 5.160 sensores ópticos distribuidos en 86 perforaciones.
- Los sensores están entre 1.450 y 2.450 metros de profundidad.
- Su construcción terminó en diciembre de 2010.
En 2013, el observatorio confirmó la llegada de neutrinos de alta energía provenientes de fuentes ubicadas fuera de nuestra galaxia.
“Francis Halzen ha liderado un equipo internacional (…) proporcionándonos un instrumento fantástico. Su tenacidad y visión científica allanaron el camino hacia un nuevo tipo de astronomía“, señaló Mark Pearce, presidente del Comité Nobel de Física.
¿Qué es la optogenética y por qué cambió la forma de estudiar el cerebro?
El Instituto Karolinska otorgó el Nobel de Fisiología o Medicina a Karl Deisseroth (Instituto Médico Howard Hughes y Universidad de Stanford, Estados Unidos), Peter Hegemann (Universidad Humboldt de Berlín) y Georg Nagel (Universidad de Würzburg, Alemania), “por sus descubrimientos sobre los canales iónicos activados por luz y la optogenética”.
Todo empezó con un alga verde unicelular, Chlamydomonas, que se orienta hacia la luz. Hegemann y Nagel descubrieron en ella una proteína, la canalrodopsina, que se abre como una compuerta cuando recibe luz y deja pasar iones a través de la membrana celular. Describieron la primera versión en 2002 y la segunda en 2003.
En 2005, el equipo de Deisseroth en Stanford integró el gen de esa proteína en neuronas de mamífero. Así logró activarlas con pulsos de luz azul. Es como instalar un interruptor de luz en células específicas del cerebro: quien investiga puede encenderlas o apagarlas y observar qué conducta, recuerdo o emoción cambia.
“Usamos la luz para encender o apagar células con una precisión de milisegundos y una resolución celular esencial para el funcionamiento del cerebro“, explicó Karl Deisseroth.
La técnica ya salió del laboratorio. En 2021, la revista Nature Medicine publicó el caso de una persona con retinitis pigmentosa que recuperó parcialmente la visión gracias a una terapia optogenética.
“La optogenética ofrece oportunidades para mapear el cerebro de una manera con la que antes solo podíamos soñar”, afirmó Per Svenningsson, presidente del Comité Nobel.
¿Por qué la vida prefiere una sola “mano” molecular?
La Real Academia Sueca de Ciencias otorgó el Nobel de Química a Henri B. Kagan (Francia, 95 años, profesor emérito de la Universidad París-Saclay) y Kenso Soai (Japón, 76 años, Universidad de Ciencias de Tokio) “por el descubrimiento de efectos no lineales y autocatálisis en la síntesis orgánica asimétrica”.
Muchas moléculas existen en dos versiones que son imagen especular una de la otra, como la mano izquierda y la derech. Se parecen, pero no se pueden superponer. A esta propiedad se le llama quiralidad. En los seres vivos, los aminoácidos y los azúcares aparecen casi siempre en una sola de esas versiones, un fenómeno conocido como homoquiralidad. Desde hace más de un siglo, la química se pregunta cómo surgió esa preferencia.
- En 1986, Kagan demostró que una reacción puede producir un exceso de una de las dos versiones mucho mayor del que se esperaba según la pureza del catalizador. Es el llamado efecto no lineal.
- En 1995, Soai describió una reacción en la que el producto actúa como su propio catalizador (autocatálisis asimétrica). Un pequeño desequilibrio inicial se amplifica en cada ciclo hasta que casi solo queda una de las dos versiones.
“Henri Kagan y Kenso Soai han aportado una solución a un misterio químico de más de un siglo de antigüedad: cómo puede surgir espontáneamente la homoquiralidad”, señaló Heiner Linke, presidente del Comité Nobel de Química.
Este hallazgo tiene un impacto directo en la salud. Las dos versiones de un fármaco pueden tener efectos muy distintos: una cura y la otra puede no servir o resultar tóxica. Según el Comité Nobel, estos descubrimientos han sido decisivos para quienes diseñan reacciones químicas en la industria farmacéutica.
¿Qué dejan estos premios para el futuro de la ciencia?
Los tres galardones de ciencia reconocen investigaciones que tardaron décadas en madurar. IceCube abrió la astronomía de neutrinos, que ahora busca identificar las fuentes que producen los rayos cósmicos. La optogenética apenas empieza su camino clínico y abre preguntas éticas sobre la intervención en el cerebro humano. La química asimétrica, por su parte, sigue orientando el desarrollo de medicamentos más seguros y la investigación sobre el origen de la vida.



