Afectación por decisiones de gobierno, Reforma Tributaria, precio del dólar e inflación.
El sueño de la 5G
Por años, Colombia ha estado rezagada frente a sus pares de la región en materia de adopción de nuevas tecnologías y pocas cosas ejemplifican este dato como el proceso de subasta y despliegue de redes de quinta generación.
El gobierno Duque terminó su cuatrienio sin abrir la subasta y, en agosto de 2022, en la instalación del congreso Andicom, el presidente Gustavo Petro sorprendió a todos al delinear su plan para conectar a los sectores rurales con “fibra, fibra y más fibra” y al no mencionar la 5G ni una sola vez.
Correspondió al consejero presidencial Saúl Kattan explicar que sí, que después de todo, el plan sí es avanzar la subasta de las redes 5G y que una de las prioridades del Gobierno es abrirla en el primer semestre de 2023.
Pero no es solo la 5G. Colombia arrastra una penetración de Internet móvil y de uso de smartphones muy inferior a las de países como Chile o Brasil. Se ha avanzado, es cierto, en especial en lo pertinente a telefonía móvil y acceso a Internet fijo y móvil, pero pocos pondrían en duda que el mapa sigue muy concentrado en las zonas urbanas y en las cabeceras municipales y que el atraso persiste en la Colombia rural.
Entonces, de nuevo, no es solo la 5G, pero sin el despliegue efectivo de redes de quinta generación, hablar de impulsar nuevas tecnologías, como la robótica de consumo o los vehículos autónomos es, en palabras sencillas, puro cuento.
Y todo esto se ve acentuado por las características del mercado TIC en el país. Se trata de un mercado muy concentrado, en el que la competencia y la inversión se pueden ver desestimuladas.
El dólar por las nubes
Por supuesto que el sector TIC es particularmente vulnerable a la subida del dólar que, acertadamente, muchos atribuyen a causas globales derivadas de la inestabilidad suscitada por el conflicto en Ucrania, la situación económica y política en países como EEUU y las decisiones de los grandes productores de petróleo.
No en vano hablamos de un sector dependiente en enorme medida de la importación de equipos e insumos y, si bien los ingresos en dólares se hacen más significativos, la desproporción imperante hace que las inversiones, que ya eran de por sí considerables, se tornen más costosas, difíciles y arriesgadas.
Todo esto se atraviesa en el camino de la inaplazable tarea de conectar a las zonas apartadas del territorio nacional, en donde persisten cifras de conectividad cien o doscientas veces más bajas que las de ciudades como Bogotá o Medellín. Pese a los avances, la brecha digital permanece, y es difícil pronosticar cuál será la ruta de un sector afectado por todos los flancos por amenazas y debilidades externas y domésticas.
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