Las recientes fusiones y compras de operadores en países como Colombia, Ecuador y Perú aceleran la consolidación empresarial en la región. Ante este panorama, el debate sobre el Mercado Digital Andino y las telecomunicaciones exige actualizar normas obsoletas de la CAN para garantizar competencia.
Por: Nicola Stornelli García
Analista de tendencias digitales, columnista, Impacto TIC
Hace cinco años escribí que el Mercado Digital Andino era una oportunidad histórica (aquí la versión publicada en El Tiempo). Julián Cardona Castro y este servidor acabábamos de entregar a la Comunidad Andina de Naciones (CAN) el estudio ‘Análisis y diagnóstico del ecosistema digital de la Comunidad Andina para el sector de telecomunicaciones y TIC’, y una de sus recomendaciones era crear un mercado digital regional. Infortunadamente, esa recomendación no quedó en la hoja de ruta que presentó el Comité Andino de Autoridades de Telecomunicaciones (Caatel) y aceptaron los países miembros.
La Agenda Digital Andina se lanzó en Quito en abril de 2022 con cinco ejes: gobierno digital, infraestructura y conectividad, talento digital, economía digital y nuevas tecnologías. Una buena agenda, pero sin el mercado como objetivo explícito.
Hoy, a finales de octubre de 2026, vuelvo sobre el tema por una razón de fondo: el tablero empresarial cambió más en los últimos dos años que en la década anterior. Telefónica salió de Colombia, Ecuador y Perú. Millicom, matriz de Tigo, se quedó con Movistar en Colombia y con las operaciones de Telefónica en Ecuador. América Móvil compra fibra en Perú. Lo que en 2021 era una aspiración de política pública empieza a ser una consecuencia lógica del mercado, y la pregunta es si los gobiernos y la CAN van a liderar el proceso o a mirarlo pasar.
En este artículo:
Lo que la CAN ha logrado, y lo que le falta
Hay que reconocer lo hecho. La Decisión 854, aprobada en Cartagena en febrero de 2020, eliminó desde el 1 de enero de 2022 los recargos de roaming internacional para los planes pospago entre Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú, en beneficio de más de 111 millones de personas. Se creó Intercom, la infraestructura digital para intercambiar información de comercio exterior; se avanzó en los certificados de origen digital; y en junio de este año la Secretaría General firmó con el Centro de Cibercapacidades de América Latina y el Caribe (LAC4) un convenio para fortalecer la ciberseguridad de la subregión.
Pero en lo estrictamente telecomunicaciones seguimos con marcos de otra época. La Decisión 462, de 1999, se propuso liberalizar el comercio de servicios de telecomunicaciones y armonizar normas para un mercado común andino del sector; las normas comunes de interconexión datan del año 2000, con ajustes parciales en 2017. Casi tres décadas después, ninguna empresa puede decir que opera “un mercado andino”: opera cuatro mercados nacionales, con cuatro reguladores, cuatro regímenes de espectro y cuatro historias distintas.
Quién opera dónde: un dato incómodo
Un dato incómodo para quienes hablamos de integración: hoy ninguna compañía opera en los cuatro países. Claro, de América Móvil, está en Colombia, Ecuador y Perú. Millicom, con Tigo y ahora Movistar, está en Colombia, Ecuador y Bolivia. Entel, de origen chileno, opera en Perú, y no debe confundirse con la Entel boliviana, que es estatal. Telefónica, que en mi artículo de 2021 aparecía como uno de los tres grandes con presencia regional, ya no está.
Los movimientos recientes explican el nuevo mapa. En Colombia, Millicom adquirió el 100 % de Une-Tigo a EPM en enero, el 67,5 % de Coltel a Telefónica en febrero por 214 millones de dólares y el 32,5 % restante a la Nación en abril; Claro cerró junio con cerca de 41 millones de líneas móviles. En Ecuador, Millicom pagó 380 millones de dólares por las operaciones de Telefónica y avanza en el cambio de marca a Tigo. En Perú, un mercado de 39,4 millones de líneas al primer trimestre, Claro tiene 33,4 %, Bitel 24 %, Entel 22,5 % e Integratel (la antigua Telefónica del Perú, hoy en manos de Integra Tec) 19,8 %; además, Claro anunció en julio la compra de WOW Perú, con fibra en regiones. En Bolivia, el último dato de la ATT que consulté, con cierre de 2023, mostraba a Entel con 54 %, Viva con 25 % y Tigo con 21 %.
Una integración andina de verdad solo llegará por compra o por alianza. Millicom con un activo en Perú, Claro con uno en Bolivia, o un tercero que arme el rompecabezas. No me corresponde señalar el matrimonio; sí advertir que las condiciones empiezan a estar dadas.
ARPU y EBITDA: la radiografía
ARPU móvil y margen EBITDA, segundo trimestre de 2026
| Operador / país | ARPU móvil mensual | Margen EBITDA |
| Claro Colombia | ≈ US$ 4,5 (COP 16.218) | 41,9 % |
| Claro Perú | ≈ US$ 7,9 (S/ 27) | 39,3 % |
| Claro Ecuador | US$ 7 | 49,9 % |
| Tigo-Movistar Colombia | no reportado por país | 39,4 % |
| Tigo Ecuador | no reportado por país | 48,9 % |
| Entel Perú | ≈ US$ 6 | 26,5 % |
| Bolivia (sector, ATT, dic. 2024) | Bs 10,2 | no disponible |
(Fuentes: reportes del segundo trimestre de 2026 de América Móvil, Millicom y Entel; informe de la ATT de Bolivia. Conversiones a dólares con el tipo de cambio promedio del trimestre).
Con la cautela del caso (luego explico por qué), estas cifras dejan tres lecciones: La primera es que el ingreso por usuario es bajo y desigual. Colombia, con la base más grande, tiene el ARPU más bajo entre los mercados con datos comparables: unos 4,5 dólares mensuales en Claro (16.218 pesos, 6,6 % más que un año antes), frente a unos 7,9 en Claro Perú y 7 en Claro Ecuador.
Entel Perú ronda los 6. En Bolivia, la ATT ubicó el ARPU móvil en 10,2 bolivianos a finales de 2024, con una caída de 0,9 frente al año anterior; otras estimaciones privadas arrojan cifras muy distintas, lo que dice mucho sobre la opacidad del dato. Lo relevante es la tendencia: Millicom reportó un ARPU móvil de 7,10 dólares para el conjunto de sus operaciones, 18,9 % más, gracias a la migración de prepago a pospago y a la disciplina de precios. Ese dato es consolidado, no andino, pero muestra que el ARPU no es un destino sino una política comercial.
La segunda es que el margen EBITDA no sigue al ARPU sino a la escala y a la cuota de mercado. Colombia tiene el menor ARPU y, sin embargo, Claro alcanza 41,9 % de margen, frente a 39,4 % de Tigo-Movistar, que todavía absorbe costos de integración; la gerencia de Millicom habló en su llamada de resultados de indemnizaciones por más de 30 millones de dólares en el trimestre.
Ecuador, dolarizado, lidera con cerca de 49 % en ambos operadores, aunque con ingresos por servicios que apenas crecen: 2,7 % en Claro y estables en Tigo. Perú muestra el costo de ser tercero en un mercado de cuatro: Entel obtiene 26,5 %, mientras Claro, el líder, llega a 39,3 %. Sumando sus tres operaciones andinas, Claro genera cerca de 860 millones de dólares de EBITDA por trimestre, según mis cálculos con los tipos de cambio promedio del periodo que publica su reporte.
La tercera es la más reveladora: Ecuador es el laboratorio. Millicom llevó el margen de las operaciones que compró de 33,5 % pro forma un año atrás a 48,9 %, y frenó la erosión de unos ingresos por servicios que venían cayendo bajo el dueño anterior: 112 millones de dólares en el trimestre. Quince puntos de margen en doce meses no son magia; son escala, disciplina de costos y un modelo operativo. Es la mejor evidencia disponible de lo que una integración bien ejecutada puede hacer.
Una advertencia: comparar ARPU entre empresas y países es un ejercicio frágil. Cada compañía lo define a su manera, las monedas se mueven (el peso colombiano se apreció cerca de 14 % frente al dólar frente al mismo trimestre de 2025, según las tablas de tipos de cambio de América Móvil), el margen incluye venta de equipos, que diluye porcentajes, y América Móvil acaba de reclasificar el acceso fijo inalámbrico como servicio móvil. Por eso hablo de órdenes de magnitud, no de decimales.
Las sinergias para las empresas
Las sinergias no son un ejercicio abstracto. Se pueden listar, y cada una tiene un dueño dentro de la compañía.
- Compras conjuntas. Equipos de red de acceso y de núcleo, nube, terminales y energía se compran hoy país por país. Un comprador que negocia para 111 millones de habitantes cambia la conversación con los proveedores. Claro ya muestra en Colombia lo que significa desplegar 5G a escala, con cobertura en 78 ciudades y municipios; hacerlo con un solo cartel de proveedores para cuatro países recortaría costos por sitio y acortaría plazos.
- Infraestructura compartida y fronteras. Torres, fibra transfronteriza, puntos de intercambio de tráfico y capacidad internacional son activos naturalmente regionales. Las zonas de integración fronteriza, que la CAN reglamentó en la Decisión 501, siguen siendo las más difíciles de atender para un operador que piensa en términos nacionales.
- Espectro. La coordinación de bandas y de calendarios de subastas, sin tocar la soberanía de cada regulador, permitiría planificar el 5G y el retiro de las redes 2G y 3G con visión regional. Millicom pagó 41 millones de dólares en espectro solo en el segundo trimestre, sobre todo en Colombia; es plata que no se destina a cobertura. He venido pidiendo subastar espectro bajo con compromisos de cobertura verificados por un tercero independiente, y esa petición cobra más sentido con operadores de escala regional.
- Plataformas y automatización. Facturación, gestión de red, centros de datos y atención al cliente son costos que hoy se replican cuatro veces. América Móvil informó en estos días que usa agentes de inteligencia artificial para reducir costos de centros de llamadas y optimizar el mantenimiento de redes durante los próximos tres años; una plataforma común amortiza esa inversión entre más clientes.
- Servicios regionales. Contratos corporativos para multinacionales con presencia andina, una sola plataforma de IoT, servicios financieros móviles y roaming mayorista con tarifas de operación propia en lugar de acuerdos entre terceros.
- Diversificación. Un grupo andino distribuye riesgos. Millicom advirtió riesgos cambiarios en Bolivia; un portafolio que incluya la economía dolarizada de Ecuador amortigua ese efecto.
Para las empresas, el resultado es margen, flujo de caja y menor costo de capital. No voy a inventar una cifra de sinergias que ninguna fuente respalda, pero el caso ecuatoriano muestra la dirección: si apenas una fracción de esa mejora se replicara en mercados de márgenes más bajos, como el de Entel en Perú, la conversación sobre rentabilidad sería otra.
Lo que ganarían los usuarios
Primero, el roaming. La Decisión 854 cubre planes pospago, pero en Colombia 28,7 millones de las 40,9 millones de líneas de Claro son prepago, y en Ecuador 7,3 de 9,7 millones. El beneficio del roaming andino excluye, en la práctica, a la mayoría de los usuarios de esos dos países. Un operador con presencia en varios países andinos tiene el incentivo y la capacidad de extenderlo al prepago como oferta comercial, sin esperar una nueva decisión.
Segundo, cobertura y asequibilidad, dos de los cuatro pilares que Julián y yo propusimos. Con un ARPU de 4,5 dólares en el mercado más grande, llegar a hogares dispersos no cuadra país por país; con escala y con financiamiento de la CAF, puede cuadrar. Un Mercado Digital Andino permitiría condicionar la escala a metas de cobertura rural y de banda ancha fija, que sigue siendo la gran deuda: los hogares siguen mal conectados.
Tercero, derechos y servicios. La Agenda Digital Andina contempla actualizar las normas sobre derechos de los usuarios de telecomunicaciones; con operadores regionales, esa actualización puede traducirse en planes que viajan con el usuario, portabilidad más simple y estándares comunes de atención y calidad.
Cuarto, seguridad. Lo he seguido de cerca con el NUSE 123: la interoperabilidad de los sistemas de emergencia en las fronteras es una tarea pendiente. Y una plataforma regional implica flujos transfronterizos de datos personales; eso exige estándares comunes de protección y supervisión pública, no solo autorregulación de las empresas.
Las reglas del juego
Nada de esto es gratis. Integrar es concentrar, y concentrar sin reglas es la receta del duopolio. Colombia ya pasó de tener a Tigo y Movistar como competidores a tenerlos bajo un mismo techo, y Claro Colombia ha sostenido que el futuro apunta a menos operadores por país. Si esa es la tendencia, el regulador tiene que decidir qué condiciones exige a cambio.
Primero, revisión coordinada de las concentraciones entre las autoridades de competencia. La Decisión 608 ofrece el marco subregional de libre competencia, pero ha sido poco aplicada; Indecopi, por ejemplo, tendrá que pronunciarse sobre la compra de WOW Perú, y ya sancionó a Integra Tec por la compra de Telefónica.
Segundo, remedios estructurales: acceso mayorista para operadores móviles virtuales y nuevos entrantes, neutralidad en torres y fibra, y topes de espectro. Tercero, verificación independiente de las obligaciones de hacer.
Y cuarto, un compromiso claro con la competencia: he defendido que la entrada de nuevos operadores, sin infraestructura heredada, es sana para el mercado, y la escala no puede ser la excusa para cerrarles la puerta.
Tienen la palabra
Si algo he aprendido en estos cinco años es que los mercados se mueven antes que las normas. Los operadores ya están comprando, vendiendo y reordenándose, y lo hacen con una lógica de escala que nuestros organismos regionales todavía no han convertido en política pública.
Propongo cuatro pasos concretos: que el Caatel reciba mandato para estudiar la factibilidad regulatoria de un Mercado Digital Andino de telecomunicaciones; que se extienda la Decisión 854 al prepago; que las autoridades de competencia de los cuatro países creen una ventanilla de revisión coordinada de concentraciones; y que se armonicen los calendarios de espectro.La Secretaría General de la CAN, el Caatel, la CAF, los reguladores y los presidentes de las compañías con presencia en el área andina tienen la palabra.
Los números están sobre la mesa. Falta que los gobiernos decidan si el Mercado Digital Andino será una política de Estado o un accidente de las fusiones.
(*) Analista de Telecomunicaciones y TIC para Impacto TIC.
Nota: Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan necesariamente la línea editorial de Impacto TIC.



