Una idea que ha estado con nosotros durante décadas es la de pensar que los niveles de educación después del bachillerato están divididos en formación universitaria, maestría y doctorado. Esta aproximación deja de lado uno de los pilares fundamentales para fomentar el talento en el país: la formación de técnicos y tecnólogos. 

De hecho, la mayoría de bachilleres aspira a convertirse en universitarios, sin antes pensar en tomar educación y formación técnica y tecnológica. “Cuando todos estamos en la edad de decidir qué queremos estudiar, muy difícilmente hay chicos o chicas que piensen en ser técnicos o tecnólogos”, le dijo Jhoanna Sierra, coordinadora del Grupo Sennova del Sena, a Impacto TIC en una entrevista para nuestro especial TIC Made in Colombia.

Con este apetito por los títulos universitarios, lo que se tiene es una situación en la que se forman muchos universitarios, pero en la que también se encuentra una escasez en talento técnico y tecnológico que es necesario.  

La pirámide invertida 

Gran parte de esta escasez está relacionada con la percepción y la situación que tiene el país respecto a las carreras técnicas y tecnológicas. Según el boletín ‘Saber para decidir‘ del Sistema nacional de información de demanda laboral (Sinidel), los profesionales con formación técnica y tecnológica tienen un salario de apenas el 48 % respecto al salario de los universitarios (1.108.894 y 2.271.595 millones de pesos respectivamente).

En términos de aspiraciones salariales, en Colombia tiene más sentido inscribirse a un programa universitario que a uno técnico o tecnológico. Esto, sin embargo, no refleja la alta demanda que tienen sectores como la industria TIC por saberes técnicos. Según el MinTIC, algunas de las competencias más buscadas son las relacionadas con lenguajes de programación (SQL, PHP, Angular) que impactan fuertemente el desarrollo de software.

“Efectivamente, el país tiene una gran falencia en ese tema. Acá tenemos una pirámide invertida, que consiste en que tenemos un gran potencial a nivel de profesionales universitarios, pero el técnico y el tecnólogo tienen un mito social en donde se visualizan como menos para la sociedad o en donde hay un tema de escalafón salarial”, nos dice Jhoanna Sierra.

Según ella, en el funcionamiento de una empresa lo que más se necesita son los técnicos, ya que son los que operan maquinaria o están trabajando directamente en los equipos. Seguidos a ellos están los tecnólogos, capaces de implementar innovación a estas operaciones, y por último los ingenieros, que lideran la operación completa. 

La experiencia de campo es fundamental

Este tipo de operaciones es corroborado a su vez por Martha Hernández de Gómez, presidenta actual de UPSistemas, una empresa enfocada a la instalación de infraestructura eléctrica y térmica en centros de datos de Colombia.

“El flujo de talento técnico es absolutamente necesario. Es muy bueno cuando la persona ha tenido que ir a enfrentarse a centros de datos, en un subestación con equipos y va aprendiendo. Esa realidad que se vive en el campo es muy importante para el desarrollo de las personas y para el desarrollo de la compañía”, explica la ejecutiva.

Esta experiencia de primera mano con maquinaria, equipos y sistemas genera unas fuertes bases educativas, que luego se pueden reflejar también en la formación de mejores ingenieros con experiencia más práctica y no solamente académica. “En la compañía tenemos alrededor de 70 técnicos en la empresa a nivel nacional”, concluye Martha Hernández.

Y es que si bien las brechas de demanda en programas como técnicos de sistemas, desarrollo de software y en sistemas de información existe, el problema de que en Colombia son muy contadas las instituciones que ofrecen programas técnicos y tecnológicos de alta calidad. 

Más educación de calidad

En el Informe nacional de competitividad 2020-2021, presentado por el Consejo Privado de Competitividad, se evidencia la realidad de las formaciones técnicas y tecnológicas. De los 628 programas técnicos en el país, solamente 37 –correspondientes a un 5,9 %– tienen acreditación de alta calidad. 

Similar a esta cifra, solamente 105 de los 1.925 programas tecnológicos (5,5 %) cuentan con acreditaciones de alta calidad. Estas cifras palidecen frente al 41,2 % de programas universitarios –1.260– que tienen este tipo de acreditación, de un total de 3.057. Acá, de nuevo, las opciones para los bachilleres son mucho más reducidas de lo que podría pensar. 

En el caso del Sena, sin duda la institución más importante en formación de técnicos y tecnólogos, le ha apostado fuertemente a la acreditación y en convertirse un semillero de innovación para el país. “En el país tenemos 117 centros de formación, y dentro de esos 117 tenemos 119 grupos de investigación. Todos reconocidos por el Ministerio de Ciencia y Tecnología”, recalca la directora de Sennova.

Sin duda alguna, el reto importante de Colombia en los años venideros es invertir en educación técnica y tecnológica de alta calidad. Las industrias 4.0 y las pretensiones por convertir al país en el Silicon Valley de América Latina están fundamentadas por talento humano en áreas con fuertes fundamentos aplicados. “Realmente los 3 niveles profesionales que tenemos acá en Colombia (técnico, tecnológico, profesional) son 3 niveles muy necesarios para mover el sector productivo y mover nuestra economía”, nos dice Jhoanna Sierra.

En el contexto actual, Colombia necesita de innovación aplicada y, sin duda alguna, de técnicos y tecnólogos capaces de innovar en la industria TIC de Colombia, y convertirla, tal vez, en el Silicon Andes.

Imagen principal: Science in HD en Unsplash