De Miami a Colombia, migrar la infraestructura tecnológica de una empresa

Latencia, control de recursos y ubicación de los datos llevaron a un proveedor de nube a trasladar su infraestructura desde Miami a Colombia. El caso, presentado por Ilkari, muestra que el cambio redistribuye costos y riesgos, y que operar localmente no garantiza por sí solo el cumplimiento normativo.

Cuando una empresa decide cambiar de país la sede de sus servidores, no está haciendo una mudanza física cualquiera. Mover infraestructura implica recalcular los costos del negocio, ajustar la operación diaria y cambiar las reglas de juego en la entrega de sus servicios digitales.

Un ejemplo claro de esta tendencia se conoció en ‘The Next Move’, espacio organizado por la compañía Ilkari. Allí se expuso el caso de un proveedor de nube privada que prestaba servicios a empresas en Colombia desde centros de datos en Miami, y que tomó la decisión estratégica de trasladar toda esa infraestructura de vuelta al país.

El cambio de sede no fue un capricho. La empresa enfrentaba tiempos de respuesta lentos, un soporte técnico distante y una factura que se hacía cada vez más difícil de proyectar a fin de mes. Mantener la información en suelo colombiano ofreció, además, una llave comercial para abrir la puerta a clientes con estrictas exigencias de privacidad y regulación.

Es un ejemplo perfecto de cómo la tecnología y las finanzas están amarradas. No obstante, hay que mirar el anuncio con lupa: durante la presentación no se compartieron cifras de latencia antes y después del traslado ni el balance final de costos. Sin esos números sobre la mesa, es difícil saber cuánto del éxito anunciado responde a un ahorro medible y cuánto a una mejora cualitativa de la operación.

De contratar infraestructura a comprar equipos propios

El cambio no consistió únicamente en trasladar servidores de Miami a Colombia. El cliente, que ofrecía servicios de nube a más de 100 clientes, pasó de contratar infraestructura como servicio Iaas (Infrastructure as a Service en inglés) a comprar sus propios equipos y alojarlos en un centro de datos colombiano.

Durante la presentación del caso en The Next Move, Viviana Castro, gerente de ventas y canales de Ilkari explicó el cambio de modelo, “Pasaba de un modelo todo como servicio, a comprar infraestructura para tener su propia infraestructura en un centro de datos local”.

La migración también requirió revisar el diseño técnico de la infraestructura. Según explicó también la gerente de la compañía, la arquitectura existente presentaba complejidades relacionadas con la cantidad de clientes que operaban sobre la nube del proveedor. “Hicimos una revisión de la arquitectura, porque si bien ellos habían definido una arquitectura, en el proceso nos dimos cuenta que no era la más óptima porque tenía unas complejidades dado que es un servicio de nube donde tiene más de 100 clientes que operan sobre su nube”.

The Next Move Ilkari 2

Para lograr esta transición, Ilkari se encargó de ajustar las tuercas de la arquitectura, desde la logística para importar los equipos hasta los esquemas de conectividad, seguridad y copias de seguridad indispensables para operar sin tropiezos en suelo colombiano.

Más allá de lo técnico, la jugada reabre una discusión vital para cualquier gerente de TI, ¿conviene alquilar infraestructura o ser dueño del servidor? suscribirse a un servicio en la nube significa pagar por un recurso que otro gestiona; comprar máquinas propias implica asumir la inversión inicial, el mantenimiento, la obsolescencia y el riesgo operativo. 

Moraleja, traer la infraestructura al país no significa automáticamente que el proceso sea más barato. Sin un balance detallado de costos antes y después de la mudanza, el ahorro sigue siendo una hipótesis sin comprobar.

El centro de datos como alternativa de infraestructura

El ancla de la oferta de Ilkari se encuentra en el centro de datos que operan en la zona franca de Tocancipá, Cundinamarca. Según los datos expuestos en el evento, el complejo dispone de más de 800 metros cuadrados y arranca con una capacidad eléctrica de 3,6 megavatios, con la meta de duplicarla hasta los 7 megavatios más adelante.

Su carta de servicios cubre un amplio espectro, espacio físico para instalar servidores (colocation), esquemas de nube compartida o dedicada, y ciberseguridad en la modalidad de firewall como servicio. Es una propuesta flexible que se adapta tanto a las empresas que prefieren ser dueñas de sus fierros como a las que prefieren delegar la infraestructura física en manos de un tercero.

La compañía también puso sobre la mesa su hoja de ruta para 2027, que contempla la habilitación de más gabinetes y una mayor potencia eléctrica. Conviene precisar que son anuncios de expansión proyectados por la empresa, y no ampliaciones que ya estén listas para operar.

La oferta de centros de datos locales constituye una alternativa para las empresas que buscan modificar su modelo de infraestructura. La conveniencia de esa decisión, sin embargo, depende de los requisitos técnicos y financieros de cada operación.

Latencia y control de la infraestructura

La ubicación de la infraestructura pesó en la balanza, Ilkari señaló que operar desde Miami para clientes en Colombia producía tiempos de respuesta que no resultaban satisfactorios para las necesidades de la organización. 

Explicado de forma sencilla, la latencia es el freno que experimenta la información mientras viaja entre dos puntos. Estar más lejos geográficamente influye, pero no es lo único, la red de fibra, los servidores intermediarios y el propio diseño del software también suman o restan milisegundos.

Acercar los servidores al usuario final promete, en teoría, una respuesta más rápida, pero la teoría hay que medirla. Si bien Ilkari afirmó haber realizado pruebas antes de dar el paso, Según explicó Ilkari durante la presentación del caso, se realizaron pruebas de latencia para evaluar la conectividad. Sin embargo, la compañía no presentó cifras comparativas que permitieran dimensionar la reducción obtenida.

El traslado también respondió a necesidades de control. Al administrar su propia infraestructura en un centro de datos local, el cliente buscaba tener mayor visibilidad sobre los recursos y reducir su dependencia del modelo anterior de contratación.

La compañía señaló que acompañó la revisión de la arquitectura y la incorporación de equipos de respaldo. También reportó mejoras en los tiempos de respuesta y la disponibilidad, aunque no compartió indicadores comparativos para medir esos resultados.

Qué dice la regulación colombiana 

La residencia de los datos fue otro punto central en la presentación. Para entender su verdadero alcance, conviene hacer una distinción clave, una cosa es alojar la información físicamente en Colombia y otra, muy distinta, cumplir con las obligaciones legales para su tratamiento.

En el país, la Ley 1581 de 2012 fija el régimen general de protección de datos personales, estableciendo reglas estrictas para su manejo y limitando las transferencias internacionales. En este marco, la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) es la encargada de definir qué países cuentan con estándares de protección adecuados y bajo qué condiciones permitidas se puede mover la información hacia otros destinos.

Esto no significa que todos los datos de empresas colombianas deban permanecer físicamente en Colombia. La viabilidad de una operación internacional depende de factores como la naturaleza de los datos, los roles de las partes involucradas y las condiciones legales aplicables.

La SIC, Superintendencia de Industria y Comercio también distingue entre transferencia internacional, cuando los datos se entregan a otro responsable, y transmisión internacional, cuando un encargado trata los datos por cuenta del responsable. Esta diferencia puede ser relevante al evaluar contratos con proveedores tecnológicos y servicios de infraestructura. La autoridad explicó estos criterios en su concepto sobre la Circular Externa 002 de 2025.

Para las entidades vigiladas por la Superintendencia Financiera, además, existen instrucciones específicas sobre el uso de servicios de computación en la nube, recogidas en el capítulo correspondiente de su Circular Básica Jurídica.

Por tanto, alojar la información en un centro de datos colombiano puede responder a necesidades de control, conectividad o cumplimiento, pero no garantiza por sí solo que una organización cumpla todas sus obligaciones legales.

Una decisión que requiere comparar el costo total

El caso presentado por Ilkari muestra que trasladar infraestructura puede responder a varias necesidades: revisar los tiempos de respuesta, aumentar el control sobre los recursos, modificar la relación con un proveedor y atender requisitos relacionados con la ubicación de los datos.

Pero cambiar de proveedor o de país no garantiza, por sí mismo, menores costos ni mejores resultados operativos. Pasar de contratar infraestructura a comprar equipos propios redistribuye las responsabilidades y los riesgos financieros. Por eso, la comparación debe incluir la inversión inicial, los gastos operativos, el mantenimiento y la renovación tecnológica.

Para determinar el resultado de esta migración harían falta datos adicionales: mediciones de latencia antes y después del traslado, el costo total de ambos modelos, los gastos de operación y mantenimiento y los indicadores de disponibilidad.

También sería útil contar con la perspectiva del proveedor que realizó la migración o de un especialista independiente que pudiera evaluar las ventajas y limitaciones de cada alternativa.

Con esos elementos sería posible establecer con mayor precisión qué beneficios obtuvo la empresa y bajo qué condiciones trasladar infraestructura a Colombia puede resultar conveniente para otras organizaciones.

Sigue a Impacto TIC en Google

Erick Diaz
Erick Diaz
Periodista y Comunicador social, amante del mundo geek, el universo y los videojuegos. Redactor, diseñador y editor, todas las grandes ideas comienzan con una hoja en blanco.

CONTENIDOS RELACIONADOS