José Uriel Vanegas, mecánico de Medellín, creó Uriel PC, una Inteligencia Artificial sin Internet para quienes quedaron fuera de la nube.
En Medellín, José Uriel Vanegas, mecánico de motos de 59 años sin formación en programación, pasó 18 meses de trasnochos construyendo Uriel PC, una plataforma de Inteligencia Artificial sin Internet para personas que no tienen fácil acceso a la IA, como familias campesinas y estudiantes de zonas desconectadas. En entrevista con Impacto TIC, habló de su método y de la razón de ser de su obra.
Cuando empieza la videollamada, el computador está apagado. José Uriel quiere dejar claro que no hay trampa. Su esposa sostiene la cámara, él se acomoda un micrófono y unos parlantes que instaló para que la voz se oiga mejor, y da doble clic. Desde el equipo, una voz sintética saluda: «Hola, soy tu asistente. Estoy listo para escuchar tu pregunta. Di la palabra Uri y después tu pregunta«.
Uri, el diminutivo con el que se llama al sistema, explica por qué el cielo es azul, cuenta cómo un agricultor puede conservar el agua de sus cultivos y narra la historia del café colombiano. En la esquina de la pantalla, el ícono de red lo confirma: sin acceso a Internet.
Para entender cómo llegó hasta ahí, hay que volver varios años atrás.
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Una casa sencilla y una promesa
Para contar su historia, José Uriel no habla. Activa el modo narrador y le pide a Uri que lea un texto titulado «Verdades de Uriel«. La voz sintética cuenta la vida de un hombre que creció en un hogar sencillo, con un padre, José Uriel, «firme pero noble«, y una madre, Fabiola Hernández, «dulce pero fuerte».
El relato no esconde las heridas. Habla de un joven que se fue de la casa sin avisar, de un padre que se enfermó por la angustia y pasó cinco años en cama, de un taller propio que quebró. Y de la madre que murió 12 días antes de cumplir 80 años, cuando la familia había ahorrado para hacerle una fiesta de la que nunca supo.
«Cuando mi madre murió, yo me juré. Ella lo último que vio de mí fue una quiebra. Y yo me juré que yo no podía quedar así, que los iba a honrar, que iba a buscar la forma de hacer algo bonito, lo que ellos me enseñaron«, contó.
Mirar hacia donde nadie mira
La Inteligencia Artificial apareció en ese momento. Primero la usó para hacer bots. Después se detuvo a pensar en quienes no tienen esa misma oportunidad.
En el metro de Medellín, rodeado de pasajeros pegados a sus pantallas y a la nube, José Uriel se fijó en otra cosa. «Yo no miré la nube, Sandra, yo me puse a mirar el cable desconectado, el que no tiene. La persona como yo, que no tiene recursos. A esas personas es a las que yo quiero ayudar«, explicó. Desde entonces, dedica sus pocas horas de sueño a aprender y a crear.
Aprender de noche, pregunta por pregunta
De día, José Uriel trabaja como empleado en un taller de motos. Su jornada como desarrollador empírico empieza a las 7 de la noche y termina a la una, las dos o las tres de la mañana. Cuando el cansancio aprieta, se acuerda de su padre tomando el bus a las tres de la mañana para llevar comida a la casa. «Si él era capaz de hacer eso, yo tenía que resistir más«, dijo.
Su método no fue pedirle a una máquina un programa terminado. Fue una conversación larga y paciente. «Empecé a estudiarla, a apuntar, a hacerle preguntas, la misma pregunta de diferentes formas, a hacerle como inteligencia a la inteligencia, como se dice», explicó.
El punto de quiebre llegó a los cuatro meses. El computador que había comprado a crédito para el proyecto se apagó de golpe. En un centro comercial de tecnología le dijeron que había que formatearlo y que lo perdería todo. Volvió a casa aburrido y le contó el problema al asistente de IA. Siguiendo sus instrucciones, con dos memorias USB y un computador viejito, creó un disco de arranque, rescató la información y reinstaló el sistema operativo. «Ahí me di cuenta: yo soy capaz de hacer lo que sea con esto, en la forma como yo estoy trabajando«, recordó.
Desde entonces documenta cada paso. Guarda capturas de pantalla, manuales de uso de cada módulo y copias de respaldo en varias memorias. También contrasta, lee libros, busca en Internet y prueba sus preguntas con otros asistentes de IA.
«Mi papel ha sido concebir la idea y su propósito, definir cómo debía funcionar, dirigir el desarrollo, integrar las diferentes funciones, llevar las soluciones al computador, probarlas en condiciones reales, detectar fallas y decidir, con apoyo de la Inteligencia Artificial, los siguientes pasos hasta conseguir un sistema funcional«, compartió.
José Uriel reconoce el aporte de ChatGPT, de OpenAI, «especialmente para generar y corregir código, analizar problemas técnicos y proponer soluciones«, y aclara que Uriel PC no depende de esa herramienta ni de una conexión permanente para funcionar. «No pretendo afirmar que inventé la Inteligencia Artificial, el reconocimiento de voz, los lectores de texto ni las tecnologías que integran el sistema. Esas tecnologías existen», compartió. En toda la conversación insistió en ese lugar de la IA: no como alguien a quien se le delega todo sin cuestionar, sino como la herramienta que le ayuda a pensar mejor.
Una biblioteca que habla: Inteligencia Artificial sin Internet
El resultado de esos trasnochos es Uriel PC, que funciona como una biblioteca que vive dentro del computador. Los asistentes comerciales envían cada pregunta a un servidor lejano; este usa un modelo de Inteligencia Artificial local, instalado en la propia máquina. La analogía es sencilla: es la diferencia entre llamar a alguien en otra ciudad para preguntarle algo y tener la enciclopedia en la mesa de la casa. Recuerda un poco a Microsoft Encarta, la popular enciclopedia digital de antes de la masificación de Internet.
La plataforma se maneja por voz o por teclado y se organiza en módulos que José Uriel mostró uno a uno:
- Modo preguntas: responde consultas de cultura general con una demora de 18 a 30 segundos. Recuerda el contexto de la conversación y ofrece variantes, como un «modo técnico» y un «modo profesor rural», que explica la fotosíntesis comparando las plantas de maíz con una familia que se sienta a comer.
- Modo narrador: lee en voz alta textos de una biblioteca propia sobre agricultura, electricidad y primeros auxilios. Está pensado para personas con dificultades para leer, personas ciegas y personas mayores.
- Modo notas: guarda recordatorios dictados, los busca por palabra clave, los manda a una papelera y los recupera.
- Wikipedia sin conexión: con Kiwix, una herramienta para consultar Wikipedia desde el navegador sin conexión, el computador comparte la enciclopedia a través de un router que abre una red Wi-Fi local, bautizada «Luz y Amor». Así, un grupo de estudiantes puede consultarla desde sus celulares en un aula sin Internet. El sistema también arma guías de estudio y evaluaciones a partir del artículo consultado.
- Modo texto: permite escribir las preguntas y leer las respuestas en silencio, para hospitales o iglesias.
La versión más reciente cabe en una memoria USB. Trae todo lo necesario para funcionar, incluso una versión portátil del lenguaje Python. José Uriel dice que la ha probado en 7 u 8 computadores diferentes. En equipos de 2017 o 2018 en adelante funcionan todos los módulos, aunque la IA se demora un poco más en responder. En equipos de 2012 o 2013, la memoria RAM no alcanza para el modelo de lenguaje, pero sí para el narrador y las notas.
La demostración no siguió solo un guion preparado. A petición de José Uriel, esta periodista eligió en el momento una pregunta: «¿Qué es la capoeira?«. El sistema respondió sin conexión en 18 segundos y, cuando se le pidió «explícame más«, amplió la respuesta sin que hubiera que repetir el tema.
Él es el primero en señalar las grietas. Durante la demostración, el sistema no entendió algunos comandos de voz. «Yo no estoy diciendo que esto está perfecto. En ningún momento. Él tiene sus fallas y eso es lo que yo quiero que me ayuden a corregir«, afirmó.
Tampoco ha salido a buscar aplausos. No ha publicado nada en Internet y, fuera de su familia, solo le ha mostrado el sistema a don Sergio, ciego de nacimiento y profesor de computación y lectores de pantalla para personas con discapacidad visual. Don Sergio usó la plataforma en un ambiente real, con ruido exterior, e hizo sus propias observaciones. La prueba quedó registrada en video. «Uriel PC no nació para crecer mi ego. Él nació fue para servir«, afirmó.
Además de Uriel PC, ha hecho programas de pedidos, inventario y facturación para pequeños negocios (uno está en prueba en el almacén de un amigo), un software para talleres de motos y una maqueta de domótica por voz.
Quienes quedaron fuera de la nube
Las cifras le dan la razón a su intuición. Según la Encuesta de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones en Hogares (ENTIC Hogares) 2024, publicada por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), solo el 41,9 % de los hogares de centros poblados y rural disperso tenía acceso a Internet, frente al 72,5 % en las cabeceras. La brecha en equipos es todavía más honda: apenas el 9,6 % de los hogares rurales tenía computador. El costo fue la principal razón para no tener Internet (45 % en el total nacional).
La Encuesta Nacional de Calidad de Vida 2025, también del Dane, registra un avance: el acceso rural subió al 56,9 %. Aun así, más de cuatro de cada 10 hogares rurales siguen sin conexión.
José Uriel lo cuenta con imágenes que ha visto en los noticieros: «He visto niños que tienen que caminar media hora, subirse a un morro para coger la señal, para poder hacer sus tareas«. Entre sus posibles usuarios nombra a personas ciegas, personas que no pueden usar las manos, quienes no saben leer ni escribir y quienes no pueden pagar un plan de datos.
La idea de llevar Wikipedia a escuelas rurales sin conexión ya tiene antecedentes en Colombia. En 2021, la Fundación Karisma documentó una iniciativa con Kiwix para sedes educativas rurales a través de redes locales. Lo particular de Uriel PC es que une esa biblioteca con una IA que conversa por voz, un narrador y herramientas pedagógicas, con la accesibilidad en el centro.
Su visión del futuro se cruza con los debates globales sobre soberanía de datos. «Todos vamos a tener dos Inteligencias Artificiales. Una local, para nuestra privacidad, para nuestras cosas, y una en la nube«. Y aclara que no pretende reemplazar la educación formal, porque «los profesionales son indispensables, los profesores son indispensables«.
Puertas que existen, pero no se ven
La historia de José Uriel deja ver una paradoja. Muchas rutas institucionales piden títulos, grados aprobados, empresas constituidas o ventas previas. Su talento, en cambio, se formó de noche, a punta de preguntas y de ensayo y error, entre un turno de mecánica y el siguiente.
En el papel, las rutas existen. La Alcaldía de Medellín tiene abierta durante todo 2026 la Ruta del Emprendimiento, con 700 cupos para iniciativas de base tecnológica, mentorías y capital semilla de hasta 15 millones de pesos. El Tecnoparque del SENA, con nodo en la ciudad, ofrece acompañamiento experto y laboratorios para convertir ideas en prototipos. Sapiencia y el MinTIC abren cada año cursos gratuitos de programación e IA, y el Banco Distrital de Medellín presta a tasas bajas a quienes quieren emprender. Hasta el Estado reacondiciona computadores viejos a través de Computadores para Educar, justo el tipo de equipo en el que cabría una memoria USB como la de Uriel PC.
Colombia tiene incluso un marco para nombrar esa brecha. La Política Pública de Apropiación Social del Conocimiento en el marco de la CTeI, adoptada por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación mediante la Resolución 0643 de 2021, la define como «un proceso intencionado, que convoca a todos los actores sociales a participar de prácticas de intercambio, diálogo, análisis, reflexión y negociación; prácticas que promueven la comprensión e intervención de sus contextos». La misma política plantea «generar las condiciones para que todos los saberes y experiencias sean integrados a los procesos de CTeI«. José Uriel es un ejemplo de ese principio, no se limitó a consumir la tecnología, la entendió y la adaptó a una necesidad de su entorno.
Ese es, precisamente, es el planteamiento de Giovanni Stella, fundador, IA con Canas, en el libro de Voces TIC, –la iniciativa de Impacto TIC que reúne a las voces del sector para pensar la hoja de ruta digital del país–, un pacto nacional para que la IA no sea privilegio de pocos.
José Uriel buscó en Internet, llamó a canales de televisión y les escribió a periodistas, y ninguna de esas puertas apareció en su camino. Las convocatorias existen, pero parecen hechas para quien ya sabe dónde buscarlas y cómo aplicar. Se publican en portales que hay que conocer, piden requisitos que hay que descifrar y tienen plazos que no se divulgan bien. El talento que se forma de noche rara vez está suscrito al boletín correcto o puede ir a reuniones de socialización en horario laboral (esta entrevista, precisamente, se acomodó a su horario).
José Uriel no pide dinero, pide tiempo. «Yo para poder dedicarle tiempo necesito que me apoyen, porque yo no puedo dejar a mi familia desamparada», explicó. Lo que necesita hoy no es otra lista de convocatorias. Necesita a alguien que lo acompañe en ellas: formación para pulir sus productos, asesoría técnica que evalúe lo que ya construyó y un espacio para sacar un piloto, probarlo con usuarios reales y equivocarse con una red de apoyo.
Lo que sigue: ponerlo a prueba
«No estoy buscando que alguien declare que Uriel PC es extraordinario simplemente por escuchar mi historia. Quiero que sea probado. No afirmo que ese método sea único ni superior; me gustaría que algún día pudiera ponerse a prueba frente a problemas nuevos«, compartió.
El siguiente paso para Uriel PC es la validación: pruebas independientes, pilotos con escuelas, con organizaciones de personas con discapacidad visual y con comunidades rurales, y un acompañamiento que convierta el prototipo en un producto sostenible. Facilitar proyectos de vida a través de la tecnología exige reconocer ese saber empírico y abrirles puertas a quienes aprendieron por fuera de las aulas. Si José Uriel encuentra ese respaldo, la memoria USB que hoy guarda en su escritorio podría convertirse en una biblioteca que habla en los lugares a los que la señal nunca llega.
¿Quiere apoyar el trabajo de José Uriel? Si usted, su empresa, universidad u organización puede ofrecerle acompañamiento, formación, asesoría técnica o dotaciones para que siga experimentando, escríbanos a contacto@impactotic.co. En Impacto TIC le haremos llegar su mensaje.



