Leer bien no basta para enfrentar la desinformación. Los estudios de la CRC y el Icfes, la Unesco y Chequeado explican por qué la alfabetización mediática e informacional necesita un lugar propio en el currículo.
Informarse en entornos digitales exige destrezas que superan la comprensión lectora tradicional. Así lo muestran los estudios recientes sobre alfabetización mediática e informacional (AMI), en la Semana Mundial que la Unesco dedicó a la responsabilidad compartida: cada persona cumple un rol en el ecosistema informativo.
La alfabetización mediática e informacional es el conjunto de competencias que permiten a la ciudadanía “acceder, analizar, evaluar, crear y utilizar información en múltiples formatos y entornos”. Esta perspectiva abarca la relación con los contenidos, con las instituciones que los producen y con las tecnologías que los hacen circular.
Los datos de Colombia y de América Latina coinciden en que leer bien no basta para enfrentar la desinformación en plataformas mediadas por algoritmos e Inteligencia Artificial (IA).
En este artículo:
¿Por qué la alfabetización mediática e informacional no es opcional?
La respuesta empieza por la forma en que hoy llega la información a las juventudes. Las cifras globales muestran la distancia entre esos hábitos y lo que enseña la escuela:
- El 52 % de las personas de 18 a 24 años se informa principalmente por redes sociales, plataformas de video y chatbots de IA, según el Digital News Report 2026 del Reuters Institute, aplicado en 48 mercados.
- Solo el 43 % de los países ha incorporado la AMI en sus planes de estudio nacionales, de acuerdo con el informe Media and Information Literacy for All: Closing the Gaps (Unesco, 2025).
El riesgo de esa brecha está documentado. El Global Risks Report 2025 del Foro Económico Mundial ubica la desinformación como el riesgo global más grave en el corto plazo (2025 a 2027).
Por eso, el lema de este año, “Todos tenemos un papel que desempeñar: alfabetización mediática e informacional para las personas“, convoca a docentes, periodistas, familias, personas creadoras de contenido, reguladores y sociedad civil. La Unesco puso a disposición recursos educativos para docentes.
¿Qué revelan los datos sobre las habilidades informativas en Colombia?
El primer diagnóstico oficial de competencias en AMI del país, desarrollado por la Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC) y el Instituto Colombiano para la Evaluación de la Educación (Icfes), analizó las respuestas de 5.288 estudiantes de programas técnicos, tecnológicos y profesionales. Leídos con calma, esos datos también sirven como argumento para la reflexión.
El reflejo de verificar está instalado. El 77,97 % respondió que consultaría la fuente oficial ante una alerta de emergencia publicada por un perfil personal. Aun así, el equipo investigador advierte que esa respuesta puede reflejar lo socialmente esperado, más que una competencia real de verificación.
Cuando la tarea pasa de sospechar a interpretar, los resultados bajan. Frente a una nota sobre una alcaldía cuestionada, el 35,60 % atribuyó la corrupción a la ciudadanía votante, una conclusión que el texto no permite. El documento lo relaciona con la influencia de factores emocionales y constructos sociales en la lectura.
Uno de los hallazgos que más llama la atención está en la comparación con la prueba de lectura crítica. La correlación fue de apenas 0,17, lo que explica cerca del 3 % del desempeño en AMI.
“Su magnitud alerta sobre el riesgo de interpretar la lectura crítica como un sustituto suficiente de las competencias de AMI”, concluye el estudio. La AMI necesita un lugar propio en el currículo. Las habilidades lectoras tradicionales no la cubren.
¿Por qué la desigualdad hace más urgente la alfabetización mediática en América Latina?
El estudio Alfabetización Mediática e Informacional en América Latina: un mapa regional de iniciativas desde las organizaciones de verificación (Chequeado, octubre de 2025, con financiación de la Unesco) aporta un argumento regional. La desinformación golpea con más fuerza donde el acceso es desigual.
Con datos de la Cepal de 2022, el informe recuerda que, en promedio, el 81 % de los hogares del quintil de mayores ingresos tiene conexión a Internet, frente al 38 % del quintil más pobre. Además, la edad de acceso al primer dispositivo propio con conexión baja cada año, y en la infancia ese acceso llega sobre todo por el celular, usado principalmente para redes sociales.
“El contexto mediático e informacional actual demanda, más que nunca, que la ciudadanía adquiera competencias propias de la AMI”, señala el documento.
El diagnóstico colombiano agrega un matiz desde los territorios. Ante la publicación de un medio regional pequeño, el 60,01 % prefirió contrastarla con otras fuentes antes que tomarla en cuenta. Para el equipo investigador, un currículo AMI debe enseñar la diferencia entre medios y cuentas particulares, y reconocer “la credibilidad y validez de este tipo de medios más pequeños y no hegemónicos”. Formar en AMI también implica valorar las voces locales.
¿Quién debe asumir la tarea de alfabetizar?
Las experiencias existen, pero dependen de proyectos aislados. El estudio regional encontró que las iniciativas de 15 organizaciones de verificación con presencia en 11 países siguen en etapa incipiente y condicionadas por el financiamiento. Según el mismo estudio, en Chequea Bolivia “la alfabetización mediática informacional surge como una estrategia adicional a la verificación de contenido entendiendo que la mitigación de la desinformación requiere de una ciudadanía activa y preparada”.
El sector privado también tiene un papel en esta tarea. Desde 2020, Soy Digital, programa de Meta operado por Impacto TIC, ha formado a más de 65.000 personas en Colombia en ciudadanía digital, uso seguro de Internet e identificación de desinformación. Este tipo de alianzas amplía el alcance de la AMI más allá del aula. Aun así, su continuidad depende de la voluntad de cada empresa, y por eso no reemplaza una política pública sostenida.
El paso siguiente es la política pública. La iniciativa K12 Conectando con el Futuro: Educación y Tecnología 2026-2030 reunió a representantes de la academia, el sector público, las empresas y la sociedad civil. Su nota técnica, firmada por 78 organizaciones, advierte que la conectividad y la dotación de dispositivos no transforman la educación por sí solas si no hacen parte de una política integral.
El documento propone un referente nacional de competencias digitales que integre la AMI y el uso ético de la IA desde la educación inicial, y plantea vincular a las familias a través de los Consejos de Padres de Familia. Entre sus prioridades para el primer año figuran el diseño de un Marco Nacional de Competencias Digitales Docentes y la transformación de Colombia Aprende como repositorio público de recursos educativos.
La alfabetización mediática e informacional se mide hoy en Colombia y empieza a tener evidencia. El reto es que esos datos lleguen al aula, con docentes formados y recursos que no dependan de proyectos de corta duración. Ante la saturación algorítmica, entender lo que se lee es apenas el primer paso. Preguntarse de dónde viene un contenido y para qué circula se volvió una competencia cívica.



