La remontada de Lula se jugó en WhatsApp: lo que deja la contienda digital en Brasil

El presidente brasileño conquistó un cuarto mandato tras corregir a tiempo una campaña que sus propios aliados calificaban de “analógica”. En medio, un pulso con Meta que terminó en los tribunales y que reabre el debate sobre el poder de las plataformas en las democracias de la región.

Luiz Inácio Lula da Silva fue reelegido este domingo 25 de octubre. Con el 99,9% de las urnas totalizadas, obtuvo el 51,77% de los votos válidos frente a Flávio Bolsonaro (PL), según el Tribunal Regional Electoral de São Paulo. Esta es la primera vez que un candidato presidencial en Brasil remonta entre la primera y la segunda vuelta, en la cual Flávio había liderado con 47% frente al 45% de Lula.

Detrás de esa remontada hay un protagonismo evidente del entorno digital. La campaña, que llegó tarde a Internet, entendió el error y lo corrigió en tres semanas, mientras acusaba a la mayor empresa de redes sociales del mundo de inclinar la cancha.

Una campaña que gastó más en papel que en redes

De acuerdo con datos publicados por Jovem Pan, la campaña de Lula invirtió 2,69 millones de reales (unos 1.680 millones de pesos colombianos), en impulso digital durante la primera ronda y 6,91 millones en material impreso. Marcando un contraste con la campaña de 2022, que sumando ambas vueltas, el gasto en pauta superó los 25 millones de reales.

La Gazeta do Povo describió el cambio como un intento de abandonar la “versión analógica” del candidato. La derrota en la primera vuelta obligó a revisar una postura de distancia frente a las redes sociales que venía arrastrándose desde los problemas de comunicación del gobierno.

El giro se notó en el tono. Más videos cortos, más selfies grabadas por el propio presidente y más colaboración con figuras jóvenes. Con esa fórmula, según el mismo medio, Lula comenzó a sumar más seguidores diarios que su rival.

Nuevos liderazgos digitales al frente

El 7 de octubre, tres días después de la derrota inicial, Lula se reunió en Brasilia con diputados federales recién electos y con fuerte presencia en redes: Ana Elisa (PT-MG), Guilherme Cortez (PSOL-SP), Jones Manoel (PSOL-PE) y Pedro Rousseff (PT-MG), según reportó O Tempo. A esa fuerza de tarea se sumaron la diputada Erika Hilton y André Janones.

La apuesta tenía una razón normativa, pues el artículo 28 de la Resolución 23.610 de 2019 del TSE limita la recomendación algorítmica de publicaciones de perfiles oficiales de candidatos, como explicó Poder360. Si la cuenta de Lula no podía llegar por recomendación, había que llegar a través de otras voces.

Ese “otras voces” incluyó a la cultura. Más de 200 artistas, entre ellos Anitta, Ivete Sangalo, Pabllo Vittar y Ludmilla, grabaron videos de apoyo, un movimiento que se intensificó en la última semana según Agência Pública. Lula no quiso quedar completamente sujeto al nuevo formato y pidió a su equipo un equilibrio entre su forma habitual de hablarle al electorado y las dinámicas de producción para redes.

WhatsApp como territorio de campaña

La pieza central de la estrategia fue el canal de WhatsApp llamado: ‘Exército do Lula’. Este espacio fue creado por el diputado André Janones (Rede-MG), pasó de unos 50.000 seguidores antes de la primera vuelta a casi 2 millones en dos días, según Muita Informação, impulsado por un video en el que el propio Lula convocó a sus simpatizantes a sumarse. El canal llegó a 10 millones de usuarios el viernes 23 de octubre.

Su funcionamiento era el de una sala de coordinacióN. Desde el canal se distribuían mensajes favorables al presidente y proponía misiones’ predefinidas para que los seguidores realizaran acciones coordinadas en redes.

La respuesta del otro lado no tardó. El diputado Nikolas Ferreira (PL-MG) lanzó el canal la ‘Tropa do Flávio’, que superó 1,3 millones de seguidores, según Metrópoles. Y la disputa llegó al tribunal, pues a pedido de Flávio Bolsonaro, el presidente del TSE, Kássio Nunes Marques, ordenó a WhatsApp suspender el canal del ejército de Lula. Siguió una cadena de medidas cautelares contradictorias, hasta que el canal fue reactivado el 13 de octubre después de que la campaña lo registrara formalmente ante la justicia electoral, como reportó A Crítica.

La medida más drástica contra un canal de la campaña de Lula no vino de una plataforma, sino de una decisión judicial. Y el efecto fue contrario al buscado, porque el canal ganó un millón de inscritos tras el intento de suspensión, según Congresso em Foco.

La ‘Live da Virada’: 24 horas al aire antes de la votación

La acción de cierre fue una transmisión continua de 24 horas. Janones la anunció en el canal y la inició justo después del último debate entre Lula y Flávio en TV Globo, la noche del viernes 23, con la meta de extenderla hasta la noche del sábado, víspera de la segunda vuelta, según IstoÉ. La transmisión se hizo en YouTube y el diputado anunció que durante ella repartiría misiones a los integrantes del canal, de acuerdo con SBT News.

Las cifras de audiencia fueron altas para una transmisión política. Poder360 registró 300.000 espectadores simultáneos durante la madrugada y 500.000 a las 10:30 del sábado. Por la live pasaron varias personalidades, incluido el propio Lula, según Metrópoles. En la madrugada, el humorista Marcelo Adnet asumió la conducción mientras Janones dormía en un saco de dormir en el piso del estudio, una imagen que circuló ampliamente.

Meta en el banquillo: ¿censura o fallas técnicas?

La pregunta que circuló durante toda la segunda vuelta fue si Meta había censurado a Lula. La respuesta, con la documentación que existe, exige matices.

Lo que denunció la campaña:

La cuenta de anuncios de Lula fue deshabilitada el 23 de septiembre, a 10 días de la primera vuelta, según el recurso presentado por sus abogados y reseñado por Poder360. El 9 de octubre, el perfil oficial pasó casi 24 horas sin poder impulsar publicaciones del feed de Instagram, de acuerdo con BP Money, y como consecuencia, 1,3 millones de personas habrían dejado de ver sus anuncios.

A eso se sumó una denuncia sobre la Inteligencia Artificial de la empresa: según el pedido presentado al TSE, Meta AI generaba propaganda de Flávio con su número electoral pero rechazaba imágenes de Lula con el suyo, como reportó BP Money.

Lo que reconoció Meta:

El 16 de octubre, la empresa admitió la suspensión “por error” de la cuenta de anuncios, que según su versión duró poco más de una hora y no obedeció a razones políticas, además de una brecha en su sistema de IA, como detalló Congresso em Foco. La empresa de tecnología negó haber favorecido a cualquier candidato y sostuvo que las fallas fueron temporales. También señaló, según O Povo, que la campaña de Flávio reportó problemas similares.

Lo que dijo su propio órgano de control:

El Consejo de Supervisión de Meta expresó el 20 de octubre su preocupación por fallas recurrentes en la moderación de contenido electoral en Brasil, según DGABC.

Lo que decidió el tribunal:

El 15 de octubre, el magistrado Marco Aurélio Bellizze ordenó a Meta dar trato igualitario a ambas campañas, bajo una multa diaria de 500.000 reales en caso de incumplimiento, según Correio da Manhã. La corte mantuvo la medida por unanimidad y, días después, el magistrado elevó la multa a 1 millón diario hasta la segunda vuelta, como informó SBT News.

La denuncia también como estrategia

La campaña convirtió el conflicto en un frente propio. Lanzó la plataforma Censura Digital para recoger reportes de usuarios, creadores y comunicadores sobre restricciones de contenido, con el objetivo de identificar patrones, según Brasil de Fato. El 14 de octubre ya sumaba más de 2.500 denuncias, de acuerdo con TMC. Además, anunció que llevaría el caso a la Organización de los Estados Americanos (OEA) y a la autoridad brasileña de protección de datos.

La narrativa de la censura cumplió una doble función, presionar a la plataforma y movilizar a la base. Ambas cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo, y por eso el caso merece leerse con cuidado.

Lula sobre frente a las Big Tech

La noche de su reelección, Lula dedicó parte de su primer pronunciamiento a las plataformas digitales. Sin nombrar a ninguna empresa, afirmó que la campaña tuvo que vencer una intromisión externa canalizada a través de plataformas digitales y anunció que su gobierno las regulará.

El argumento central fue jurídico. “El crimen en el mundo digital tiene que ser tratado igual al crimen en la vida real”, dijo en una declaración a la prensa en São Paulo, junto al vicepresidente Geraldo Alckmin, según Acorda DF. A eso sumó una crítica fiscal: cuestionó que empresas gigantes ganen miles de millones sin pagar impuestos en Brasil mientras intentan dirigir el resultado electoral.

El discurso también trazó una agenda tecnológica para el cuarto mandato. Lula señaló la economía digital como uno de los ejes del gobierno, propuso aprovechar la matriz de energía renovable del país para atraer centros de datos y prometió trabajar por una Inteligencia Artificial brasileña, con más inversión en matemáticas, ingeniería y ciencia para reducir la dependencia tecnológica, según el Jornal do Brasil. El mismo medio enmarcó la propuesta de regulación como una forma de extender la soberanía nacional al entorno digital.

El tono del discurso venía anticipado. Tres días antes, el 22 de octubre, Lula sí había mencionado a Meta por su nombre y defendido un debate sobre la regulación de redes “sin censura”, según la Gazeta do Povo.

La oposición sostiene que las propuestas de regulación de plataformas son una amenaza a la libertad de expresión y un riesgo de censura, una posición que acompañará el debate legislativo del nuevo periodo. Desde el bolsonarismo también se denunció desinformación en contra de Flávio, y fue esa campaña la que obtuvo la suspensión temporal del canal de Janones.

El caso brasileño deja varias tensiones a la vista. La primera es la dependencia de procesos electorales enteros frente a decisiones técnicas de empresas privadas, cuyas fallas, intencionales o no, tienen efectos medibles en el alcance de los mensajes. La segunda es el desplazamiento de la conversación política hacia canales cerrados de mensajería, donde la verificación y la observación electoral tienen muy poca visibilidad. Y una última, que atañe directamente al oficio: un gobierno que anuncia hablarle a la ciudadanía sin la mediación de la prensa, apoyado en las mismas plataformas que promete regular.

Brasil ya había ensayado la regulación de redes por vía judicial y legislativa en años anteriores. El cuarto mandato de Lula pondrá a prueba si es posible regular el poder de las plataformas sin lesionar la libertad de expresión, y si la soberanía tecnológica pasa del discurso de victoria a la política pública.

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Sandra Defelipe
Sandra Defelipehttps://sandradefelipe.wordpress.com/
Periodista, comunicadora estratégica e investigadora con enfoque territorial y de género. Cofundadora de culturaenvivo.co y editora en Impacto TIC, cuenta con más de una década de experiencia explorando la intersección entre tecnología, derechos digitales, educación y apropiación social del conocimiento.

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