Victoria Martínez, de Red Hat: sin control, la IA no es autónoma

La gobernanza de la IA es la condición para que los sistemas ganen autonomía. En conversación con Impacto TIC, Victoria Martínez, líder de plataforma de Inteligencia Artificial para Latinoamérica en Red Hat, explicó cómo controlar costos, datos y vulnerabilidades, y qué significa la soberanía para la región.

La gobernanza de la IA es la condición para que los sistemas ganen autonomía. Así lo planteó Victoria Martínez, líder de plataforma de Inteligencia Artificial para Latinoamérica en Red Hat, durante el Red Hat Summit Connect 2026 Bogotá.

Martínez lleva más de 22 años en tecnología, 10 de ellos dedicados a la IA y la ciencia de datos, y antes de llegar a Red Hat dirigió áreas de sistemas en el Gobierno de Argentina. Por eso, cuando habla de regulación o de lo que necesita un municipio pequeño para empezar con la IA, lo hace desde la experiencia de quien ya estuvo del lado público.

¿Qué novedades llevó Red Hat al Summit Connect 2026?

Para Martínez, el foco de la conversación gira en torno a las vulnerabilidades. Detrás de muchas de ellas está una deuda técnica que las organizaciones arrastran desde hace años, cuando usaban repositorios y arquitecturas sin las revisiones necesarias. Esa herencia explica por qué la seguridad aparece hoy en cada capa de la plataforma de Red Hat, de la virtualización a la IA, con un doble propósito que es desarrollar rápido sin perder protección.

La apuesta más visible de este año es Lightwell, una oferta desarrollada con IBM para corregir vulnerabilidades en dependencias de código abierto que ya están en producción. Martínez la describe con una imagen sencilla, como una forma de iluminar lo que permanecía oscuro en los sistemas.

“Lo importante, más allá de detectar una vulnerabilidad, es cómo puedo asegurar toda la cadena de suministro en producción”.

Según ella, la meta es que esas correcciones tomen días y no meses. En el terreno de la IA, los anuncios se concentran en los agentes: herramientas para desarrollarlos y desplegarlos más rápido, gestionar su identidad y medir su exposición frente a marcos de ciberseguridad como el OWASP Top 10 y MITRE ATLAS. A eso se suman pruebas de ataques adversariales mediante ejercicios de red teaming, en los que se simula a un atacante para encontrar fallas antes de que alguien más las aproveche.

¿Por qué la autonomía de la IA depende del control?

Sobre el contexto de la región, Martínez descata el despertar alrededor de la economía de los tokens (tokenomics), el costo de cada unidad de texto que procesa un modelo. Muchas empresas ya hicieron pruebas de concepto con IA generativa, pero en su mayoría son soluciones con muy poca autonomía. Y para ella es justamente en la autonomía donde está el mayor provecho de esta tecnología.

“Para darle autonomía necesitamos confiar en esa autonomía”.

Esa confianza no se decreta con una política de seguridad escrita en un documento. La arquitectura misma tiene que hacerla cumplir, porque las solicitudes viajan cifradas y firmadas, cada componente verifica si el acceso está autorizado y existen puntos de control a la entrada, durante el proceso y a la salida. Martínez llamó la atención sobre el hecho de que pocas empresas tienen en el radar, que hoy el precio de los tokens está subsidiado, y las proyecciones anticipan alzas para el próximo año, porque la operación también tiene que ser rentable para quienes ofrecen los modelos.

¿Cuáles son los retos para los liderazgos de tecnología?

En Impacto TIC conversamos de forma permanente con quienes toman estas decisiones a través del especial 100 Líderes TIC, y Martínez no es la excepción. Para ella, el liderazgo va totalmente de la mano del control.

El primer frente es el costo, y no se resuelve eligiendo el modelo que cobra menos por token. Para ella, la pregunta de fondo es cuánto valor aporta cada token y si la organización puede pasar de rentar la tecnología a producirla, con control sobre su propio hardware. Allí entran técnicas como la cuantización, que reduce el tamaño de un modelo sin que pierda capacidad. Con ellas, según explicó, es posible consumir hasta un 85 % menos, y en algunos casos se llega al 94 % o al 97 %.

Luego aparecen la privacidad, que el afán por producir aplicaciones rápido dejó en segundo plano, y el comportamiento de los modelos: si responden algo que no deberían, si se salen del cumplimiento normativo o de la ética de la organización. También están las vulnerabilidades y una gobernanza que exige preguntarse si se cuenta con el talento para sostener todo esto.

“La soberanía no quiere decir que sea nada más open source”.

Agregó además que, ser soberano es conservar la portabilidad y la capacidad de decidir en cada caso entre modelos de frontera, modelos abiertos o una combinación de ambos.

¿Cómo pueden mipymes y municipios acceder a la IA?

Cuando la conversación llega a las Mipymes y a las alcaldías de municipios pequeños, Martínez reconoce un dato que dice mucho: un porcentaje alto de la clientela de Red Hat todavía no tiene unidades de procesamiento gráfico (GPU). Martínez propone salir de esa parálisis con modelos pequeños, que funcionan con la capacidad de cómputo disponible y permiten diseñar la gobernanza antes de invertir en grande.

Cuando llegue el momento de comprar hardware, su recomendación es pensar en ‘fábricas de IA’ (AI factories), servidores que desde el primer día traen el software y el soporte para ofrecer GPU, modelos o agentes como servicio. En marzo de 2026, Red Hat anunció con NVIDIA una propuesta en esa línea. Para Martínez, este acceso explica que hoy existan más empresas unipersonales que nunca, con personas que desarrollan soluciones propias a partir de una necesidad o un propósito.

¿Qué significa soberanía para un país que no fabrica sus chips?

Las discusiones sobre soberanía llegan a abarcar varios frentes, uno de ellos es la producción. En el caso de Colombia, si no producimos chips ni procesadores, ¿de qué soberanía estamos hablando?. “La soberanía no tiene que ver con lo que uno fabrica, tiene que ver con aquello sobre lo que uno tiene control”, explicó Martínez.

Para ella, eso significa evitar quedar amarrado a un proveedor o, si se elige esa dependencia, asumirla con plena conciencia. También significa entender qué decisiones toma la IA, poder auditarla y saber cuándo y por qué falla. “La Inteligencia Artificial alucina, manipula”, recordó, y por eso hay que identificar esos fallos y mitigarlos a tiempo.

En la región, según Martínez, la regulación europea de IA se volvió el modelo que los países toman como base. Perú reglamentó en septiembre de 2025 su Ley 31814, que promueve el uso de la IA. Uruguay, contó Martínez, avanza hacia una ley y prepara un centro de datos estatal con ambientes de prueba (sandbox), para que las empresas experimenten con IA sin que la información salga del país.

Colombia adoptó en 2025 el Conpes 4144, su Política Nacional de Inteligencia Artificial, pero su marco legal sigue en construcción. Martínez cree que el país podría tomar un camino parecido al uruguayo, con un esquema híbrido que ofrezca modelos abiertos bajo control y que garantice que los datos se queden en el territorio.

Al cierre de la charla Martínez habló de creatividad. Según ella, la capacidad técnica para desarrollar lo que imaginemos ya existe. El reto para empresas, gobiernos y emprendimientos está en encontrar dónde la IA resuelve una necesidad real y en darle autonomía con una gobernanza que la sostenga, sin perder el control de los datos.

“La información es el mayor activo que tenemos”, recordó, pensando en los datos de salud y de la ciudadanía.

Mira aquí la charla completa:

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Sandra Defelipe
Sandra Defelipehttps://sandradefelipe.wordpress.com/
Periodista, comunicadora estratégica e investigadora con enfoque territorial y de género. Cofundadora de culturaenvivo.co y editora en Impacto TIC, cuenta con más de una década de experiencia explorando la intersección entre tecnología, derechos digitales, educación y apropiación social del conocimiento.

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